sábado, 2 de julio de 2016

Las influencias del cómic fantástico y de terror

Dos viejos comiendo, Goya
La Literatura

Para entender la ilustración contemporánea en el cómic fantástico y de terror, debemos remitirnos a los inicios del Romanticismo literario de Byron (†1824), Shelley (†1851), Espronceda (†1842) y Goethe (†1832) y a la llamada novela gótica, por reacción al racionalismo imperante salido de la Revolución Francesa.

Dos precedentes antirracionalistas fueron la obra Aventuras del Barón de Münchhausen, de Rudolf Erich Raspe (1737-1794), donde se narran desde el viaje a lomos de una bala de cañón a una expedición a la Luna y el muy anterior Los viajes de Gulliver (1726), de Jonathan Swift, ambos enmarcados en la literatura fantástica, que beben de las fuentes de Don Quijote de la Mancha (1605), que critica satíricamente a los inverosímiles libros de caballerías del siglo XV.

Más tarde, los hermanos Jacob y Wilhem Grimm, publican entre 1812 y 1815 sus dos volúmenes de Cuentos para la infancia y el hogar, ampliada en 1857 y que se conocen popularmente como Cuentos de hadas de los hermanos Grimm, de gran impacto sociológico y psicológico en varias generaciones e inspiración inagotable para otros artistas.


Lady Godiva, Waterhouse
La Pintura

También el cómic fantástico debe su influencia a los pintores prerrafaelitas como Edward Robert Hughes (†1914) con su temática de hadas (Fairy painting) y a la mitológica de J. W. Waterhouse (†1917).

La influencia de éstos se dejará sentir en el desarrollo del Modernismo o Art Nouveau, con un gran exponente en el pintor y artista decorativo checo Alfons Mucha (1860-1939) y en el pintor simbolista austríaco Gustav Klimt (1862-1918).

Pero, casi con seguridad, es Goya (†1828) y sus Pinturas Negras del XIX el referente pictórico de donde arranca la ilustración tenebrosa, mágica y fantástica que aún nos embarga en Occidente.



Una princesa de Marte
Ilustración: Frank Schoonover
La ciencia ficción postgótica

El siglo  XIX avanza y nos trae al mismísimo Julio Verne y a H. G. Wells, enmarcados en una sociedad amante del espiritismo y la ciencia. Son considerados los padres de la Ciencia Ficción y muchas de sus novelas se han ilustrado y posteriormente plasmado en imágenes en movimiento. 

Los escritores E. A. Poe (n. 1809), H. P. Lovecraft (n. 1890) y otros menos conocidos, surtieron de ideas a los ilustradores de los años siguientes y a guionistas y dibujantes de cómics durante la gloriosa década de los 80 del siglo XX para revistas como Dossier Negro, Cimoc, Zona 84, Tales from the Crypt o Creepy. 

Y llegamos a Edgar Rice Burroughs y su Una princesa de Marte, una novela de fantasía científica publicada en la pulp magazine All-Story Magazine en 1912, bajo el título de  Under the Moons of Mars.

Plena de lances de espada y hazañas temerarias, la novela es considerada un ejemplo de literatura barata del siglo XX o pulp fiction, una especie de novela de caballerías de la época que da el salto desde el Oeste americano hasta el planeta Marte.


All-Story Magazine, 1913
Pertenece a su serie Barsoom, siendo por ella reconocido Burroughs como el inspirador más directo del siglo XX del cómic fantástico.

La serie Barsoom estimuló la imaginación de escritores como Jack Vance, Ray Bradbury, Arthur C. Clarke, Robert A. Heinlein y John Norman. Incluso Carl Sagan, el pionero de la Exobiología, leyó A Princess of Mars cuando era niño.

El ilustrador Frank Schoonover, perteneciente a la llamada The Golden Age of Illustration ayudó a poner Una Princesa de Marte en la senda del cómic.


La influencia mutua entre el cine y el cómic fantástico

El expresionismo alemán nos mostró lo gótico y misterioso en las pantallas del incipiente cine en los años 20, como El gabinete del Doctor Caligari, de Robert Wiene.

Boris Karloff en
Bride of Frankenstein (1935)
De los años 30 a los 50 las películas de lo que se conoce como Ciencia Ficción son de bajo presupuesto, con excepciones notables en el cine de terror: Drácula (1931) y Frankenstein (1931).

Las películas bélicas de la II Guerra Mundial dieron lugar a excelentes publicaciones gráficas como Hazañas Bélicas, uno de los cómics más influyentes de la Historia, pero enmarcados en el realismo más convencional.

En Estados Unidos el cómic bélico llegó a ser considerado un medio subversivo durante la era de la Caza de Brujas.

The Thing (1951), Los crímenes del museo de cera (1953), Godzilla (1954), La invasión de los ladrones de cuerpos (1956) y entretenidas películas de serie B influyeron al cómic casi tanto como la historieta gráfica al séptimo arte. Excepto las comentadas y unas pocas más, la mayor parte de esas películas sólo son soportables para una legión de frikis amantes de lo vintage, entre los cuáles me cuento.


Los años 60: El color y la libertad sexual

Barbarella, de Roger Vadim
El cine en color había sido ya una atractiva realidad desde los años 30. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial obligó a los directores a volver al blanco y negro. Desde los 50 el color regresó para quedarse, buscando además contrarrestar la pérdida de espectadores por la naciente televisión, aún en ByN. 

Quedó entonces el color como un recurso estilístico, utilizando el claroscuro del blanco y el negro para el terror y los efectos de los colores brillantes para la Ciencia Ficción. Además de por razones económicas.

De hecho, también los cómics fantásticos siguieron esta pauta, combinando portadas atractivas en color con contenidos mayoritariamente en blanco y negro.

La invención de la píldora anticonceptiva causó una verdadera revolución en las costumbres sexuales de los norteamericanos y dio paso a un cambio notable en lo referente a la sexualidad, de lo cual se hicieron eco el cine y el cómic.


Supernova, de Bielsa
Los años 60 del siglo XX se cierran con la película Barbarella (1968), de tanta inspiración para la generación de los 80. El dibujante de su cartel -Boris Vallejo- encumbrará el cómic fantástico de esa época con sus portadas, promoviendo a la heroína femenina moderna, una mujer sensual y de acción.

Barbarella comenzó siendo una historieta francesa de Ciencia Ficción en 1962, creada por Jean-Claude Forest donde, al estilo de Flash Gordon, se mueve de planeta en planeta, pero empleando la seducción para sus propósitos.


Vampirella, de Pepe González
Barbarella revolucionó el cómic de la época, convirtiéndose en la primera de una serie de heroínas fantaeróticas como Jodelle (Les Aventures de Jodelle, 1966), y extendiendo su influencia hasta España, donde el guionista Víctor Mora y el dibujante José Bielsa crearon Supernova en 1972.

Forrest J. Ackerman escribió Vampirella (1969), una secuela de la exitosa Barbarella, esta vez proveniente del planeta Drakulon; fue dibujada, entre otros, por Pepe González y por Frank Frazetta.

La extensa obra de Frazetta -maestro de maestros- influyó en Boris Vallejo y en Yusuke Nakano, artista principal del video juego de Nintendo La Leyenda de Zelda, un relato de espadas y hechicería.
  

Los años 70: la fantasía heroica

En los años 70, se produce el auge de la fantasía heroica, gracias al éxito de la reedición de la historieta Conan el Bárbaro con ilustraciones de Frazetta (mediados de los 60), un personaje creado ya en 1932 por el escritor Robert E. Howard.

Vampirella
de Frank Frazetta
La fantasía heroica se ha mezclado con la ciencia ficción desde el principio, como en John Carter (Una princesa de Marte) o en Flash Gordon. Aunque seguramente haya sido el cómic de Flash Gordon el icono de lo fantástico más imitado por dibujantes, guionistas y directores de cine hasta la aparición de la serie Star Trek (1966) y  la película Star Wars (1977).

Creado por el dibujante Alex Raymond en 1934, Flash Gordon ha tenido en el cine su adaptación en estética steampunk: Flash Gordon (1980) de Mike Hodges.

Flash Gordon fue, sin embargo, una propuesta de la King Features Syndicate para contrarrestrar el éxito de Buck Rogers (1928), considerado como la primera tira de Ciencia Ficción de la Historia.


Wolff, de Maroto
La fantasía heroica en España

En esos años destacan los dibujantes españoles Esteban Maroto (Wolff, Korsar y Dax, el guerrero. Dax se publicó primero en el suplemento del diario Pueblo (1971). Rebautizado como Dax, the warrior se editó por la revista Eerie, de Warren Publishing.

Y también Víctor de la Fuente (Haxtur, 1969), siendo ésta obra uno de los grandes hitos del cómic español. En España se publicó en Trinca (1969) y En Estados Unidos en las revistas de Warren: 1984 (1979) y Eerie (1980).


5 por Infinito, de Maroto
El guionista Víctor Mora y el ilustrador Ambrós crean El Corsario de Hierro (1970) aunque estrictamente pertenece al género de Aventuras, en la línea de otros anteriores como El Capitán Trueno (1956) y El Jabato (1956), con Francisco Darnís de dibujante, que pertenecen al género de Piratas.

Dentro de lo estrictamente fantástico y espacial, el gran Maroto crea 5 por Infinito en colaboración con el grupo de la Floresta en 1967. Hoy en día es mi cómic favorito de Ciencia Ficción por sus guiones y atractivos dibujos, alejados del fárrago de gran cantidad de historias al uso.



Invasion of the Saucer Men (1957)
comedia de horror cósmico

Los 80. Los efectos especiales, el Cine absorbe al Cómic

Mientras no aparecieron los efectos especiales más avanzados, el cómic ofrecía la mejor verosimilitud sobre lo mágico e inverosímil. Nuestra imaginación hacía volar a naves y brujas, y dar vida a los espectros, entre las tinieblas más evocadoras.

Los efectos especiales entre los años 50 y 70 acababan ridiculizando buenas historias, pero esto comienza a revertirse en los años 80.

Stephen King, el rey de la novela de terror, nos provoca coulrofobia con It, un payaso asesino, un personaje más del universo King, que tanto ha dado al cómic y al cine, y que introduce a Carrie (1976) en el imaginarium fantástico después de la aterradora Regan de El Exorcista (1973), escrita por W. P. Blatty, en la que levita y se retuerce en su lecho de tal forma que se ha ganado la fama de ser la película más aterradora de todos los tiempos.

Isacc Asimov (Yo, Robot), junto con Robert A. Heinlein (Las brigadas del espacio) y Arthur C. Clarke (El Centinela), fueron considerados en vida como los «tres grandes» escritores de ciencia ficción. No es casualidad la enorme influencia que ejercieron en el cine de todo el siglo XX.


2001, una odisea del espacio (1968)
Mención especial merecen la adaptación al cine de 2001, una odisea del espacio (1968) por Kubrik a partir del cuento El Centinela (1948) de Clarke, y El planeta de los simios (1968) por Schaffner del libro de Pierre Boulle.

Ambas modificarán definitivamente la estética de la Ciencia Ficción en el Cine.

Un punto de inflexión llega con Alien, el octavo pasajero (1979), de Ridley Scott, que acierta a englobar terror con ciencia ficción y buenos efectos especiales.

Fotógrafos como Diane Arbus (1923-1971) aportarán también sus escalofríos al cine, a través de la infancia terrorífica de los gemelos, absorbidos por El Resplandor (1980) de Kubrik en su hotel solitario.

Arbus es un ejemplo de cómo el cine influye a la fotografía, y ésta, de nuevo, al cine. Fotógrafa de la deformidad y la discapacidad humanas, decidió retratar personas en psiquiátricos y sórdidas habitaciones de hotel a raíz de ver la película La parada de los monstruos (1932), de Tod Browning, autor del Drácula de 1931.

La parada de los monstruos también inspiró al grupo The Ramones la canción Pinhead, en una demostración clara de interdependencia entre las distintas artes.
Poltergeist (1982) dirigida por Tobe Hooper
Y posteriormente Poltergeist (1982) escrita por Steven Spielberg pondrá cara de ángel para siempre al miedo con Carol Anne.

El historietista Berni Wrightson ilustró numerosos trabajos de Stephen King, como la película Creepshow (1982), mezclando cine y cómic de terror de manera admirable: miedo y humor a partes iguales.

Durante los 80, las secuelas de las películas Star Trek (1966), Star Wars (1977) y Alien (1979) con magníficos efectos especiales, contribuirán a que el cine del espacio mantenga su tirón en las pantallas y se vendan cómics basados en ellas.


Cassandra Peterson en Elvira, Princess of the Dark
Dentro del universo ochentero, tengo especial predilección por la película Elvira, Mistress of the Dark (1988), de la maravillosa Cassandra Peterson, en la que se combinan comedia, goticismo y sensualidad en una mezcla muy muy explosiva.

La serie La Familia Monsters (1964), el personaje Drácula, y la mismísima Vampirella fueron una inspiración de primera mano para el personaje de esa peculiar película ambientada en Massachusetts que fue Elvira.


Burlesque. El tassel twirling o girar de borlas de Elvira


La otras influencias: la música

Música, literatura y teatro se han reatroalimentado desde siempre para crear ambientes con los que impresionar a los espectadores. Desde el teatro clásico.

La muerte va asociada a la tristeza y el evitarla lleva a situaciones desasosegantes, que la música ha tratado de imitar con percusión y viento, pero también con voces mortecinas.

La pasión y muerte de Cristo es el hecho luctuoso que inspira a los músicos cuando los instrumentos empiezan a sofisticarse. Y los coros de los monjes se toman en ocasiones como causantes de horror por una sociedad que comenzaba a paganizarse pero también a creer en espíritus en los inicios del Romanticismo.

Es como si esos europeos ateos, pero de herencia cristiana, se hubieran alejado de Dios y sus misterios y hubiesen recuperado su trascendencia a través del misterio de la muerte, rebelándose contra el exceso de racionalidad de su época.

En el siglo XVIII, influenciado por Buxtehude, Johann Sebastian Bach creaba Tocata y fuga en re menor (1707), música que representa el culmen de la música de horror y misterio, cuando originalmente fue más una pieza de Stylus phantasticus destinada a probar la capacidad de los órganos que una obra dedicada a la grandeza de Dios.

Chopin en 1837 compuso su Marcha fúnebre y Camille Saint-Säens su Danse macabre en 1874, dos obras de referencia.

Desde el principio, también el cine de terror usó la música para estimular el sentimiento de miedo, algo de lo que adolecía por completo el cómic, basado en el silencio y la imaginación.

Los efectos sonoros acompañaban al terror, como en Drácula (1931) y en El fantasma de la ópera (1943) de Arthur Lubin, con música de Edward Ward.

La Noche de Halloween (1978) de Carpenter asoció indisolublemente la música al cine de terror y se constituyó en un efecto más para crear atmósfera, aunque ya lo hubiéramos visto antes en Psicosis (1960) de Hitchcock.

Al principio de los 80, los cómics y el cine fantástico sirvieron de inspiración al movimiento musical de los nuevos románticos, como Ultravox, Visage y Duran Duran, que toma su nombre precisamente, este último, del doctor de Barbarella. Un doctor que tortura a la bella Barbarella con una máquina de producir orgasmos, justo el argumento de El Clic, del ilustrador italiano Milo Manara.

Uno de los temas principales de Duran Duran fue Electric Barbarella.
Robert Smith, The Cure

El movimiento musical gótico-siniestro será paralelo y también su lado más oscuro, como el grupo The Cure, o Parálisis Permanente, cercano éste casi al punk. Ello inspirará un nuevo tipo de cómic, transgresor, de temática descarnada y musical: el fanzine.

Los años 80, tan pródigos en producción audiovisual vivirán también la eclosión del steampunk, subgénero literario de la ciencia ficción especulativa. Se inspira en las obras de H. G. Wells y Julio Verne y se ambienta en la época victoriana, con anacronismos tecnológicos muy atractivos y mucho vapor.


El retorno a lo gótico. La influencia del personaje Vampirella

Pero volvamos al cómic. El desarrollo científico de la segunda posguerra mundial y sus efectos perversos: la Guerra Fría y las Guerras de Corea y Vietnam, la carrera espacial y el cine fantástico de los 60, trajeron la fantasía heroica de los 70 y el retorno de los valores anteriores a las dos guerras mundiales, como el misterio, la magia y los héroes

Vampirella por Pepe González
Modelo: Juana de Haro
Retornaron entonces E. R. Burroughs con sus Princesa de Marte y Tarzán de los monos, Superman, Batman, Conan el Bárbaro y Flash Gordon, con nuevos personajes góticos como Vampirella, en el que se involucró el referente mundial de la ilustración fantástica Frank Frazetta.

Frazetta acabó envuelto involutariamente en la polémica profesional de quién dibujaba mejor a Conan, si él o Boris Vallejo. Aunque no hubo discusión con Vampirella, decantándonos casi en mayoría por la espectacular belleza de las ilustraciones realizadas por Pepe González tomando de modelo a una española morena, Juana de Haro. Otro contrapunto a la rubia e "inocentona" Barbarella.

No podemos olvidarnos de Richard Corben, otro importante ilustrador, de estilo enormemente personal que aborda lo fantástico, en ocasiones desde lo grotesco, como el mismo Goya.

La fantasía heroica rescató El señor de los anillos para el cine en 2001, pero antes las figuritas de Warhammer Fantasy habían reproducido el universo Tolkien en plástico y resina, generando también maravillosas ilustraciones en su revista oficial.


Ilustración de Victoria Francés
Si Barbarella representó la aceptación de la heroína sexy como contrapunto al héroe musculoso y brutal, guerrero de torso desnudo, y al astronauta masculino intrépido, Vampirella nos metía directamente en el universo del cómic para adultos, sensual, perversa, retornando a lo gótico del cómic, donde había empezado todo, como una rediviva Carmilla (1872) de Sheridan Le Fanu.


El presente y el futuro

En España tenemos actualmente una ilustradora gótica que entronca con toda la tradición de lo vampírico y misterioso, es Victoria Francés, y se pone muy de actualidad bajo el paraguas de Anne Rice y sus Crónicas vampíricas.

Otros ilustradores jóvenes y amantes de lo gótico, como Alba Pilar nos reconfortan pensando en que lo gótico es tan inmortal como los mismos vampiros.

Hoy en día, después de la crisis del cómic en los 80, casi no se ven publicaciones de cómic fantástico y de terror en los kioskos españoles. Tal vez porque sus escenas se han transformado desde los 90, cobrando vida en las pantallas de cine, home cinemas, ordenadores y consolas.

Y muy pronto, estaremos dentro ...





Frank Frazetta


Richard Corben



Boris Vallejo


Enlaces

Vampirella, de Ackerman

Historia de Vampirella

Versiones de Vampirella

El arte de Vampirela, cuando los dibujantes españoles conquistaron el mundo

¿Quién es mejor Frank Frazetta o Boris Vallejo?


El Marqués de Del Bosque y los Tercios de Flandes

Marqués de Del Bosque
Derrota en el Mundial de Francia 2016

La larga agonía de la Selección Española de Fútbol me recuerda a la de los viejos Tercios de Flandes, que se enseñorearon de los campos de batalla europeos durante el siglo XVI, repitiendo estrategia durante el primer tercio del XVII hasta que acabaron aniquilados en Rocroi (1643).

Hoy (2016), como en ese siglo, la tumba del marqués Del Bosque ha sido Francia, esta vez en Sait-Denis, París, deshecho su ejército por los italianos (2-0) . Los Tercios repitieron continuamente durante décadas exitosas su estrategia de las picas y arcabuces, sin embargo la guerra moderna y sus teóricos ya les habían encontrado el truco. Y a Del Bosque, muchos ya le han visto el plumero.

En el XVII, holandeses y franceses acabaron con la hegemonía española en Europa y en el mismo Mundo, y se apuntaron los ingleses al carro.

Otra vez los holandeses, como antaño en batalla naval de Las Dunas (1639), dejaron en evidencia a los invencibles españoles. El 5-1 en el Mundial de Brasil 2014 no fue sino la antesala del final de una época, que el Marqués se resistía a abandonar. 2016 ha sido el final de esa hegemonía: cesará en su cargo el 31 de julio, después de dos vergonzosas derrotas ante Croacia (1-2) e Italia (0-2), y después de haber ganado con apuros a los checos (1-0) y haber aplastado a los turcos (3-0) como en Lepanto (1571). 

Batalla de Rocroi (1643) por Ferrer-Dalmau (2011)
Pocos pensaban que el ridículo de la Copa Confederaciones, con la derrota ante Brasil (2013) significara nada. 

Pero es que no hay peor ciego que el que no quiere ver y peor error que el aferrarse al pasado porque se quiera agotar un sistema hasta sus últimas consecuencias, prisionero del rédito psicológico de la victoria, verdadero motor de las ilusiones de un país.

Estas 3 derrotas, ante Brasil (2013), Holanda (2014) e Italia (2016) son las que quedarán en la memoria colectiva española, pero también se perdió contra selecciones como Chile y Croacia en competiciones oficiales, que no son precisamente grandiosas.

No se aprendió nada de los dos errores anteriores y el marqués siguió al mando del Ejército en la Eurocopa 2016, confiando sus líderes en la experiencia acumulada, huyendo de los generales más jóvenes e impetuosos.

Batalla de Las Dunas (1639) Anónimo (1650)
El modelo de Del Bosque, preciosista, milimétrico, técnico, controlador y aburrido, abrumadoramente superior, recuerda a esa máquina de guerra extraordinaria y sofisticada que era el ejército expedicionario español en Flandes, que acabó plagada de mercenarios extranjeros -como en la Liga- que finalizaron mermando la competitividad militar, empantanado en una crisis económica (siglo XVII) que recuerda a la de 2008, en la que los soldados estaban descontentos por los impagos.

Los tercios de Mahou
No es el caso de los deportistas españoles del balón, cubiertos de euros, pero sí que están igual de desmotivados porque, al igual que los soldados de los Tercios, se consideraban invencibles, confiando en que la magia del laurel de una estrella en la camiseta bastaría para conjurar los demonios enemigos.

Hoy en día son los tercios de Mahou los que desfilan por los campos europeos, tan blancos y tan rojos como la bandera con el aspa de San Andrés.

Esperemos que nuestro San Andrés particular (Iniesta) resucite a sus compañeros y vuelva por la senda de la victoria con el general Caparrós, un experimentado y nunca victorioso jefe al que le deseo que insufle el coraje que en estos tiempos le falta al combinado nacional.


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