sábado, 20 de febrero de 2016

Ratas y urracas de Madrid

LA TECNOLOGÍA QUE NOS ABANDONA

Madrid es una ciudad en la que no debes perder de vista una pelota de pádel, o tu perro o un móvil, porque no volverás a verlos.

Hoy por hoy, dependemos de la tecnología de un teléfono para movernos, para comunicarnos, para anotar nuestros pensamientos y llevar nuestros datos. La tecnología nos ayuda, pero también nos ha convertido en sus rehenes.


Ladrones de Madrid

Un ladrón es un sujeto que quita algo a otros y si ese ladrón roba un móvil, la catástrofe más cruda acontece en nuestra vidas: nos quedamos sin contacto con nuestros seres queridos, con nuestros amigos -en algunos casos para siempre- , nos crea dificultades para llegar al trabajo, para comunicar nuestros retrasos, para decir dónde estamos -especialmente en la gran ciudad- , preocupa a quienes nos esperaban, nos hace quedar mal …

Y también arruina nuestros trabajos artísticos almacenados, nuestros recuerdos más íntimos, nuestros esquemas de trabajo, los artículos que publicar … sin contar los daños desde el punto de vista económico y sentimental.

Es así, que el pequeño acto de un hijoputa que roba se convierte en la catástrofe de más arriba. Muchos proyectos ya no verán la luz y muchas bonitas relaciones se perderán. Y la confianza en los que te rodean se resquebraja, sobre todo cuando has dado mucho trabajando gratis para personas con dificultades.

Las grandes ciudades son el cubil de los amigos de lo ajeno, o sea, de esos seres envidiosos de lo de los demás, vagos para trabajar y de escasos principios morales, lo que los convierte en indeseables, totalmente prescindibles, peligrosos para la gente y encerrables a pan y agua.

Un tipo de ladrón al que la gente común disculpa es el “descuidero”, un ser vil que nos rodea a diario y que clava sus ojos sobre nuestras pertenencias, esperando que perdamos por un instante de vista las cosas más preciadas para abalanzarse sobre ellas como cirujano de trasplantes sobre tórax de muerto cerebral.

Son como los gorriones que nos hurtan las migajas que caen de nuestra mesa o mejor, como las putas gaviotas que te roban el sándwich en cuanto te descuidas. Urracas obsesionadas por lo ajeno, porque sí.


El ladrón de móviles

Ser ladrón de móviles es un oficio sucio para curiosos, además de para fisgonear la vida de los demás, sus fotos y vídeos, sus conversaciones, los trabajos que has realizado, sus notas, y además, si puedes, llamas a cualquiera en el Congo para hacer gasto y joder al otro, que es el que paga.

Ser un ladrón de móviles es una dolencia propia de hijoputas, por el daño infligido y por lo poco considerados. También meten sus porcinas narices en tus redes sociales, ponen comentarios soeces y cometen faltas de ortografía.

Luego están esos gilipollas que ven un móvil “suelto” y se lo llevan “porque sí”:

-”¡Coño, un móvil!”

Este tipo de personas, además de tener una tara antisocial en ciernes, son unos pringaos, porque ni siquiera saben robar y aprovechan la oportunidad para hacerse con la vida de los demás, a ver qué pasa. Como el chatarrero que recoge lo “inservible”.

Pero el daño en la vida de los otros es algo que hijoputas y pringaos que roban móviles no sospechan, entre otras cosas porque en sus móviles y microcéfalas calaveras poco tienen.

Grandes proyectos profesionales se han perdido para siempre porque ratas de dos patas secuestran esos pequeños ordenadores portátiles donde algunos tenemos la fea costumbre de llevar nuestra vida al dictado.

Vaya pues este mensaje con una dedicatoria especial a los que se quedan con lo que encuentran, porque la sociedad es más pobre gracias a ellos, y que tampoco se harán ricos con sus hallazgos, porque no sabrán qué hacer con los móviles, más que comerciar con sus extraviadas carcasas.



La legislación de Arabia Saudita prevé la pena de muerte para cualquiera que robe un banco. Vietnam estipula la medida para cualquier robo, fraude o malversación. China castiga con ejecución fraudes fiscales, corrupción y robo de tarjetas de crédito. Tailandia, la corrupción. En Singapur un robo menor puede resultar en cadena perpetua sin derecho a libertad condicional.

QUR’AN, SURA 5:38: “En cuanto al ladrón, hombre o mujer, cortar sus manos, como castigo por lo que han hecho: un castigo como ejemplo, por Alá, por el crimen: y Alá es grande en poder”.

Cortar las manos y pies es usado como castigo por robar en Arabia Saudita, los saudíes afirman que este tipo de castigos sirve como prevención para evitar futuros robos. Y al parecer funciona, pues Arabia Saudita es uno de los países con un índice de crimen más bajos del mundo.


¿Quemado yo? ¡Noo, qué va!