lunes, 9 de marzo de 2015

Señora Ébola, de Carlos Gómez, en El Cosaco

MONÓLOGO A TRES MANOS

Café El Cosaco
Las salas de teatro de Madrid pueden llegar a ser intimidantes para el público esporádico, para esas personas a las que no atrae el escenario grandilocuente, la oscuridad y el ceremonial atento que implica sentarse en una butaca.

Para esas personas se ha hecho el microteatro, e incluso mejor: el café teatro.

El Cosaco es uno de esos lugares, un semi escondido café retro en las cercanías de la Plaza de La Paja. Apenas una decena de mesas y un exiguo escenario, donde los actores casi se sientan en las rodillas de los clientes.

La escena es todo el café, con su aire decó de cristales cuadrados azules y amarillos, su ambiente tapizado de rojo, como un burdel, y un abyecto árbol de Navidad coronado por la decapitación de una muñeca sin ojos.

Al entrar ya vislumbro el moño altivo y la enorme presencia de una actriz de rojo que evoluciona alrededor de la barra y del que creo mi cuenco de gominolas.

Café El Cosaco
Su dicción es la de las chicas de clase media madrileña, borboteante y afectada, y modulada hasta la autocomplacencia.

Llena el patio de butacas de este espacio aterciopelado y oscuro, de donde surgen las facciones blancas y ojerosas de un músico macilento vestido de negro.

No estamos en Valaquia ante un ecce homo crucificado, pero lo parece. Ni tampoco en una casa de citas, pero de sexo y pasiones nos veremos enredados.

La Nochebuena de este año, la elegante mujer de rojo, tras sus gruesas gafas de sol, se acerca a la mesa de la inerme Natalia, una frágil-bella mujer-actriz con la que comparte secretos y amargores.

Durante unas largas vacaciones en la costa, la presencia de Natalia destapa la caja de Pandora de su vientre. Y esta Nochebuena quiere pactar para no perder.

Natalia calla, y quien calla otorga.

Acompañando a estas dos mujeres marionetas de sus pasiones, la música del muy conocido contrabajista Jirka Vaclavik. En su primera obra de teatro afina sus nuevos registros escénicos y luce apabullante.

Catarsis de la mujer de rojo
Hacia el final de esta breve obra, Natalia (Isabel Montijano), zarandeada y confusa, quiere interceder a través del teléfono en una memorable conversación que destila unas grandes dotes interpretativas, eclipsadas por el monólogo rotundo e incontestable del personaje encarnado por Cristina Galea, que soporta como el poste de una carpa toda la obra.


Aplausos sinceros a esta adaptación de Carlos Gómez de la obra de Strindberg “La más fuerte” (1888), pero con un nombre virulento: Señora Ébola, la cual extiende su ponzoña sobre todos nosotros, los puritanos y los infieles de palabra, obra y pensamiento.



El contrabajista