jueves, 20 de marzo de 2014

Los premios Goya, por escribir de algo ...

LO
Goya mecanizado de Berrocal
Me he animado a escribir sobre esto porque me motiva una coqueta magnífica y porque es sobre la gala más mimética y hortera del firmamento de cartón piedra del cine español.


El bodrio soberbio no podría tener mejor premio que el intento de "mejorar" al remedo del tío Óscar en el busto de un genio, que tuvo hasta una cámara plegable dentro en las primeras tres ediciones (87/89) y que hoy es la fotocopia descarada de un busto de Benlliure.

Lo de "academia" suena a rechufla, a biblioteca chancletera. Y la gala es un ejercicio de patetismo acomplejado que deprime al más pintado su sola mención.


El desfile de abominables lerdos ha tenido su clímax con la presentación de un narcisista de lupanar para catetos con nombre de presidente soviético.


Disfrazado de hombre orquesta, como es su costumbre, se parece más al aguador de Marrakech, con sus cacharros colgantes, que a un tío que se gana la vida haciendo reír. Tal vez sea un cerebro haciendo chistes para otros, pero la talla intelectual de la que presume -y que a algunos convence- expele un tufillo a calcetín negro-sudao de becario, y de fibra.


No se exhibía tal cantidad de pena ajena desde los angustiosos monólogos de Pepe Viyuela, hoy un sifilítico Filemón, al que alguien, inexplicablemente, da de comer.


El cine español no es una realidad; no es más que una caterva de rojelios impresentables chupando del bote. El Arte subvencionado se trata sólo de un acto de propaganda de partido.


Nuestro cine no existe desde hace 20 años, cuando todavía coleaban las películas depravadas del destape, verdadero coletazo postrero del filme visceral que se heredó desde el séptimo “arte” coartado -pero también social- del anterior régimen político español.


Hoy sólo hay algunos excelentes directores, magníficos técnicos de imagen y de sonido, buenos animadores, aunque en el extranjero, pero cine español como tal ... creo que no es más que humo de indios disfrazaos. Un grupo de jetas que juegan al artisteo y al famoseo, en un continuum de la adolescencia rebelde y soez.


El que Pé se exhiba de putilla por el mundo lamiendo morros famosos a diestro y siniestro no la convierte en actriz, por mucho que nos la intente colar Allen en una película de viejo verde, de las que seguirá haciendo gala hasta que no pueda ya ni sujetarse el clarinete.


Tampoco Banderas, por muchas visitas que haga a la Semana Santa malagueña, se convertirá en mejor actor. Ambos de la factoría Almodóvar, un sujeto original convertido en icono por progres de aquí y gays de allá, aunque con el indudable mérito de haber marcado un antes y un después en el cine, lo que no es poco.


Bardem, es otro cantar. Es un animal de la escena, tan rotundo que su masiva cabeza parece la de un fauno de arcilla fresca, dispuesto a engullir saturnalmente la escena. Puede hacer lo que le dé la gana, que saldrá bien y se convertirá en el Anthony Quinn español. Todo, menos emplear foros de cine para sus discursos panfletarios.


Para tener una idea de lo que es el cine español deberemos tomar un poco de altura sobre la perspectiva, no sea que el chovinismo y el tontismo nos cieguen.


Astérix en Los Juegos Olímpicos es una coproducción de cuatro países trufada de actores de cada uno de ellos para "garantizar" un exitazo europeo en taquilla. Santiago Segura, nuestro gran artista cutre, es nuestro valedor. Y ese es el mismo sistema que aplica el tontolaba y su comparsa de enanitos toreros del gobierno al llamado cine español.


Como no quiero echar más sal y vinagre a este bálsamo de Fierabrás contra el cutrerío que es este blog, me reservo un poco para la próxima ensalada.





Primera publicación: 10/02/08