domingo, 29 de septiembre de 2013

La mejor oferta para este fin de semana: Tornatore



Intrigas y estafas de la senectud

Las películas de ambiente inglés tienen unas características muy definidas y estereotipadas, y también muy truculentas, en cuanto a la morbosidad de sus planteamientos.

“La mejor oferta”, de Giuseppe Tornatore no es una película inglesa, ni está rodada en Inglaterra. Tampoco es inglés su protagonista, el repugnante capitán Barbossa de “Piratas del Caribe”, que interpreta el australiano Geoffrey Rush. Pero sí que sobrecoge por la crueldad y dramatismo con el que castiga la vida a su protagonista, y en esto sí que es muy inglesa.


“La migliore offerta” no es un título original apropiado para una película llena de ardides y artificios. Nunca hubiera ido a verla con semejante carencia de tirón en su título. Tal vez lo hubiera hecho sólo por ver de qué va la nueva de Tornatore o para deleitarme con el formidable Rush en acción. Y sin embargo me enganché y disfruté hasta el final.


Sylvia Hoeks
La holandesa Sylvia Hoeks (Claire) es mona, pero en su papel de trastornada mental no impacta más que cualquier otra modelo insulsa de rostro simétrico y armonioso. Tal vez porque si tiene algún trastorno es el de ser una falsa escritora y una delincuente. Creo que el director se ha confundido con la elección de la actriz, cuya presencia no se diferencia demasiado de los retratos que colecciona Virgil Oldman, el protagonista. Peor aún, es muy inferior a todos ellos.


El Sr. Oldman es un remedo moderno de El Coleccionista de William Wyler, pues su poder económico le permite llevar a cabo los planes de seducir enfermizamente a una mujer joven, encerradas en ambos casos entre cuatro paredes. Rush dignifica el personaje de un famoso y ruin subastador de arte inglés, tan atildado que usa guantes para no entrar en contacto con la gente, quizá un producto de su fobia social.


Otra película inglesa que no es desconocida para Tornatore es La Huella (The Sleuth), de Joseph Mankievicz, con la que tiene muchas similitudes. Así, Rush hace un papel similar en un entorno de la clase alta como el del exquisito Andrew Wyke (Lawrence Olivier); pero es que también Robert (Jim Sturgess, este sí que es inglés) se presta a los juegos y trucos –con autómata de por medio- para imitar toscamente al Milo Tindle (Michael Caine) de la magistral película de 1972 de ambiente italo-inglés.

Jim Sturgess 
Donald Sutherland se pasea como un espectro viviente por la escena, porque su mejor interpretación es el abrazo traicionero que le da a su “amigo” Virgil, que lo ha humillado despreciando su pintura durante años. Y, la verdad, eso es muy poco.


La película simula unos personajes ingleses con supuestas características inglesas: un victorianismo decadente y sórdido, pero inocente e inerme ante la avaricia, frivolidad y depravación sexual de la sociedad “inglesa” moderna.

Los exteriores son italianos, el palacio es italiano –ningún palacio británico podría acercarse ni de lejos a la estética sublime e intemporal de las fachadas de las casonas italianas- … pero el fascinado Tornatore recurre al exotismo de Praga como Mankievicz hizo que Andrew Wyke tuviera una amante finlandesa.

Demasiadas similitudes como para considerar a “La mejor oferta” una obra maestra o -simplemente- una gran película. El filme se va desinflando a medida que se acerca el final del metraje, que es excesivamente largo y prolijo en explicaciones, que ni falta que hacen.

Con respecto de la enana idiot savant que aparece de manera recurrente y misteriosa ¡¡Joder, cuánto me recuerda a la Tangina de Poltergeist, al Raymond de Rain man y hasta a los muñecos vivos de J. F. Sebastian de Blade Runner!!


Tangina. Poltergeist

Raymond. Rain man

J. F. Sebastian. Blade Runner


Y es que hay que ver menos cine e inventar más, señores directores. Y aún así, me dejó boquiabierto.


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El Gymage, una terraza de verano para este otoño

El Gymage es un logro singular de un emprendedor visionario. En su proyecto inicial se preveían una piscina en el ático y dos teatros, pero se ha quedado todo en un gimnasio y una terraza de las más chic de Madrid.


Me enteré por causalidad, pues alguien me invitó a un intercambio de idiomas y decidí darme una vuelta por allí a ver qué se cocía.


La entrada está en obras y uno se imagina un espacio destartalado, como de okupas de pelas. La escalera es de hierro soldado, y no hay un solo ascensor que funcione, por lo que se necesita estar en forma para llegar hasta arriba sin resoplar.

Una vez que llegamos todo cambia: una terraza espectacular con extranjeras regordetas bien monas, gays clasicones y un público underground civilizado del barrio que se dejan servir por atentas camareras. Puedes elegir entre tumbarte en unos outdoor chaise lounges blancos, en taburetes y hasta en el suelo, junto a cubos luminosos sobre una hierba artificial que da el cante, pero que por la noche parece otra cosa.


Y es que ver a la vez la torre del edificio de Telefónica, un trocito de la  Gran Vía y la plaza de los antiguos Cines Luna, todo esto a la altura del campanario de una iglesia antigua,  no tiene precio, o al menos no más de los 3 euros que cuesta una cerveza.

Ha sido una de las sorpresas de un agosto esperanzador para la hostelería en Madrid, que se ha lanzado a la creatividad para no sucumbir en esta crisis, que acabará asesinando las barras más tradicionales y relegando a las menos innovadoras. Es una cuestión de luces.

Los antiguos consumidores de clase media, transformados hoy en subproletariado, también tienen aquí su espacio. Se trata sólo de no beber tanto y conversar más.


Precios

El tercio de cerveza con papelito negro 
que cubre el gollete a 3 euros, 
y el vino blanco de Rueda a 2’90. 
No está nada mal.





Gymage Lounge Resort