sábado, 5 de octubre de 2013

Crítica a Gravity, de Alfonso Cuarón.

Sandra Bullock en Gravity (2013)
La epopeya de una mujer astronauta 

La lanzadera espacial Explorer ha salido a reparar el telescopio Hubble. Es el vuelo ST-157, comandado por el veterano Matt Kowalski, y en el que la novata astronauta Ryan Stone es la encargada técnica de la misión.

Les acompañan Thomas, Dasari y Evans, que apenas salen en la película. George Clooney (Kowalski) y Sandra Bullock (Stone) son los protagonistas absolutos de esta cinta de acción y suspense  que ha dejado alelados de entusiasmo a los críticos y a otros, simplemente, nos ha gustado.

Todo transcurre normalmente: Ryan repara el Hubble en el exterior y Matt bromea mientras da vueltas alrededor de la lanzadera con una mochila propulsora. Repentinamente reciben de Houston una llamada de advertencia para que se refugien en la nave: un misil ruso ha destruido un satélite espía obsoleto de la misma nacionalidad y sus restos han provocado un desastre en cadena. Varios satélites de otros países han sido destruidos por la basura espacial generada y sus fragmentos se desplazan a miles de kilómetros por hora directamente hacia ellos.

Reparando el telescopio Hubble
Pierden la comunicación con la tierra y no les da tiempo de refugiarse. La basura espacial les impacta, como una metralla gigantesca y letal. El Explorer queda inservible, hay varios muertos.

Ryan y Matt quedan separados de la nave y vagan por el espacio en búsqueda de La Estación Espacial Internacional y dos naves Soyuz rusas que están acopladas a la misma. Desgraciadamente una de ellas está inservible y deben acercarse hasta la otra, su única salvación.

La aventura espacial de Matt y Ryan tiene similitudes con Misión a Marte (2000) en la cuál los astronautas se quedan indefensos en el espacio exterior, sin una nave que les sirva de refugio y un astronauta se sacrifica por el resto. También con Alien, pues es una escultural astronauta en ropa interior la protagonista y tiene miedo, un miedo atroz, sólo que esta vez Sandra Bullock no suda lo más mínimo.

La Estación Espacial Internacional y las Soyuz
Hay incendios, escotillas, angustias por la falta de oxígeno y un extintor usado a modo de propulsor. La gravedad cero es la que da título a la película y la contrapone a la gravedad de la Tierra en los planos finales, de tintes tan emocionantes como 2001, Una odisea en el espacio.

Otras fuentes de las que bebe Alfonso Cuarón es El planeta de los simios (1967), en la escena cuando cae la cápsula al agua, sólo que el director mejicano finaliza su película como empieza aquélla.

La película es excelente por la belleza de su fotografía, porque las explosiones no se oyen en el espacio, aunque sí que podemos oír el angustioso y magistral jadeo de la astronauta que se cree morir. Sentimos su bisoñez, su fragilidad, su humanidad. Pues todos los espectadores somos legos como astronautas. Clooney, en cambio, está en su papel de siempre, tan dinámico, intemporal y artificioso como de costumbre. No me imagino ni al más experto de los astronautas quedarse tan campante ante la tragedia que experimenta, a no ser que esté fumado o la hipoxia le haya jugado una mala pasada.

Lo mejor: los planos de la destrucción en el vacío de la naves y la interpretación de Bullock.

Lo peor: el incombustible e insufrible Clooney, que no se calla ni en el espacio.

Imprescindible como película de astronautas, muy bella y muy bien documentada. Ha consagrado a Alfonso Cuarón como uno de los grandes de hoy en día.



Nota

En la gala de los Oscar de 2014, Gravity obtuvo siete galardones (mejor director, mejor montaje, mejor fotografía, mejor banda sonora original, mejor mezcla de sonido, mejor montaje de sonido y mejores efectos visuales) .


Enlaces

Otra crítica a "Gravity"

Misión a Marte (2000). Brian de Palma













domingo, 29 de septiembre de 2013

La mejor oferta para este fin de semana: Tornatore



Intrigas y estafas de la senectud

Las películas de ambiente inglés tienen unas características muy definidas y estereotipadas, y también muy truculentas, en cuanto a la morbosidad de sus planteamientos.

“La mejor oferta”, de Giuseppe Tornatore no es una película inglesa, ni está rodada en Inglaterra. Tampoco es inglés su protagonista, el repugnante capitán Barbossa de “Piratas del Caribe”, que interpreta el australiano Geoffrey Rush. Pero sí que sobrecoge por la crueldad y dramatismo con el que castiga la vida a su protagonista, y en esto sí que es muy inglesa.


“La migliore offerta” no es un título original apropiado para una película llena de ardides y artificios. Nunca hubiera ido a verla con semejante carencia de tirón en su título. Tal vez lo hubiera hecho sólo por ver de qué va la nueva de Tornatore o para deleitarme con el formidable Rush en acción. Y sin embargo me enganché y disfruté hasta el final.


Sylvia Hoeks
La holandesa Sylvia Hoeks (Claire) es mona, pero en su papel de trastornada mental no impacta más que cualquier otra modelo insulsa de rostro simétrico y armonioso. Tal vez porque si tiene algún trastorno es el de ser una falsa escritora y una delincuente. Creo que el director se ha confundido con la elección de la actriz, cuya presencia no se diferencia demasiado de los retratos que colecciona Virgil Oldman, el protagonista. Peor aún, es muy inferior a todos ellos.


El Sr. Oldman es un remedo moderno de El Coleccionista de William Wyler, pues su poder económico le permite llevar a cabo los planes de seducir enfermizamente a una mujer joven, encerradas en ambos casos entre cuatro paredes. Rush dignifica el personaje de un famoso y ruin subastador de arte inglés, tan atildado que usa guantes para no entrar en contacto con la gente, quizá un producto de su fobia social.


Otra película inglesa que no es desconocida para Tornatore es La Huella (The Sleuth), de Joseph Mankievicz, con la que tiene muchas similitudes. Así, Rush hace un papel similar en un entorno de la clase alta como el del exquisito Andrew Wyke (Lawrence Olivier); pero es que también Robert (Jim Sturgess, este sí que es inglés) se presta a los juegos y trucos –con autómata de por medio- para imitar toscamente al Milo Tindle (Michael Caine) de la magistral película de 1972 de ambiente italo-inglés.

Jim Sturgess 
Donald Sutherland se pasea como un espectro viviente por la escena, porque su mejor interpretación es el abrazo traicionero que le da a su “amigo” Virgil, que lo ha humillado despreciando su pintura durante años. Y, la verdad, eso es muy poco.


La película simula unos personajes ingleses con supuestas características inglesas: un victorianismo decadente y sórdido, pero inocente e inerme ante la avaricia, frivolidad y depravación sexual de la sociedad “inglesa” moderna.

Los exteriores son italianos, el palacio es italiano –ningún palacio británico podría acercarse ni de lejos a la estética sublime e intemporal de las fachadas de las casonas italianas- … pero el fascinado Tornatore recurre al exotismo de Praga como Mankievicz hizo que Andrew Wyke tuviera una amante finlandesa.

Demasiadas similitudes como para considerar a “La mejor oferta” una obra maestra o -simplemente- una gran película. El filme se va desinflando a medida que se acerca el final del metraje, que es excesivamente largo y prolijo en explicaciones, que ni falta que hacen.

Con respecto de la enana idiot savant que aparece de manera recurrente y misteriosa ¡¡Joder, cuánto me recuerda a la Tangina de Poltergeist, al Raymond de Rain man y hasta a los muñecos vivos de J. F. Sebastian de Blade Runner!!


Tangina. Poltergeist

Raymond. Rain man

J. F. Sebastian. Blade Runner


Y es que hay que ver menos cine e inventar más, señores directores. Y aún así, me dejó boquiabierto.


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