martes, 2 de julio de 2013

Metro de Madrid: irrespetuosos ladrones de tiempo

Locuras en la Línea 1


El caos organizativo surgido en la Línea 1 por las obras, demuestra la incapacidad de sus gestores para garantizar un servicio digno para el viajero.

Casi las 4 de la tarde

En estos momentos se ha cambiado arbitrariamente el sentido de la línea y los que vamos a Chamartín nos encontramos viajando a Bilbao, o logramos salir del vagón en el último momento.

Sres. Inútiles del Metro de Madrid, aclárense de una puta vez o devuélvanme mi dinero y mi tiempo.

Ayer llegué tarde al trabajo por un retraso de más de 15 minutos en la Línea 6. Espero que no se repita, pues no me gustaría tener más problemas en el trabajo debido a su jodida incompetencia.

Por otro lado, propongo para las Olimpiadas un concurso de Subibaja escaleras con el patrocinio de Metro de Madrid, que es un ejemplo pa tol mundo del deporte. Habrá distintas categorías: la de capacitados, la de cojos, la de señoras con carrito de niño y una vertiente autóctona madrileña: señor con traje caro ayuda a señora suramericana a bajar escaleras.

Más respeto a las personas y menos chulería.











lunes, 1 de julio de 2013

Los hinchas brasileños: un ejemplo de mala educación


Copa Confederaciones, España-Brasil 2013

Ayer sufrí en primera persona la final de la Copa Confederaciones, que enfrentó a Brasil y España. Como el plan era continuar la posible fiesta, acudí con un amigo a uno de los dos bares Marca que existen en Madrid. Allí, una hinchada brasileña muy nutrida, nos hinchaba las narices con sus cánticos estridendentes y su insolencia.

Yo confieso: hasta ayer tenía prejuicios muy favorables hacia los brasileños, pero descubrí una parte muy fea que denomino histeria colectiva, falta de respeto y actitud festiva ofensiva.

Al fin y al cabo estábamos en España, con muchas personas con sus camisetas rojas, que miraban atónitos las pantallas, de puro increíble. Los brasileños gritaban como locos, saltaban y ofendían con sus frases, juramentos y cánticos. Ni en los peores partidos de bar con hooligans borrachos ingleses o adolesccentes alemanes agresivos he visto tanto encono y violencia verbal.

Uno de esos "sanos" muchachotes brasileños, a la sazón de color, besaba con saña con cada gol el escudo de su amarilla camiseta, con la devoción de un poseído, y bailaba como en una ceremonia de candomblé.

Luego golpeaba a dos manos un taburete con la fuerza y estilo de los documentales de Jane Goodall, perdóneseme el símil, aporreándolo sin piedad, y sin que nadie osase incomodarlo, tal vez porque era negro y extranjero, porque un español hubiera sido expulsado del local ipso facto.

Si los bares de Marca quieren ofrecer fútbol de alta tensión, deberían contratar algún gorila -blanco o negro- que calmara o echara de sus bares a los chimpancés, del color que sean.

No se pueden consentir comportamientos de tal estupidez y violencia en los bares madrileños, por decencia y respeto a los que sólo vamos a ver un partido de fútbol; y por seguridad, porque si los dos españoles a los que se enfrentó el primate sapiens brasileño hubieran respondido, a lo mejor esta noticia la habría recogido la sección de sucesos nacional y no esta bitácora madrileña.

Estemos atentos a la importación de la violencia futbolera suramericana. Y no disparen al mensajero, porque es un asunto de la máxima gravedad.





Desidia deportiva. España-Brasil

Foto El Mundo
Final España-Brasil, 2013.


La selección española de fútbol se quedó sin gasolina, sin ilusión, sin ideas y -lo que es peor- sin ganas, en la final de la Copa Confederaciones celebrada en el estadio de Maracaná. Además, el seleccionador Del Bosque se equivocó gravemente al alinear a Torres y Casillas, actualmente muy bajos de forma. De este modo, portería contraria y portería propia quedaban gravemente comprometidas desde el principio del partido.

Tal vez la causa de esto ha sido el fetichismo que el seleccionador les profesa, o lo que es lo mismo: el síndrome Raúl.

Ramos pifió un penalty. Ya estamos acostumbrados a que este inconstante e imprevisible chico crea que sus intereses particulares coinciden con los de la selección, y muchas veces no es así. El penalty debió tirarlo un especialista, no a quien se le antoje en ese momento. Creo que Torres estuvo de acuerdo con esta afirmación, a tenor de su cara antes del lanzamiento.

Iniesta, por su parte, no es David contra Goliat. Se empeñó en meterse por el centro de la defensa y se negó a pasarle a la derecha a Navas algún balón. Navas, casi siempre sin marcaje, constituía un peligro para la defensa brasileña que Iniesta se obcecó en ignorar.

Villa, otro que tampoco ha jugado mucho esta temporada y que no mete goles más que en sueños, fue un "recambio" para el seleccionador, más confiado en la suerte de algún golito que en el éxito de su fallido planteamiento estratégico.

Los brasileños estuvieron muy rápidos, poderosos y ultramotivados, al contrario que los jugadores españoles, que parecían espectros que deambulaban de aquí para allá. A pesar de lo dicho, fueron Iniesta y Navas los únicos que se salvaron de una noche histórica por la mezquina y pobre imagen ofrecida, todo un mazazo al prestigio de la selección. Mañana Brasil venderá muchas más camisetas que España.

Los que estamos ya cansados del estilo de España sólo se lo perdonábamos porque ganaba, pero es que no han metido un sólo gol en los últimos dos partidos, y así es imposible ganar.

Ayer se hizo el ridículo y se ridiculizó nuestro fútbol y al país entero: un equipo especulador, más aparente que efectivo, al que un oponente sin complejos laminó y trituró, con un punto de piedad que evitó una goleada de escándalo.

La excusa del cansancio por la dura semifinal contra Italia se torna falsa cuando vemos la falta de reflejos de Casillas en el primero de los goles, una profecía autocumplida a tenor de los visto en la tanda de penaltys ante Italia, en la que apenas agachó el culo para intentar parar al menos dos de los tres disparos rasos de los italianos.

A continuación incluyo la crónica de El Mundo, muy acertada y coincidente con el sentir de lo que muchos tuvimos que sufrir ayer.

Resultado: Brasil 3, España 0


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