miércoles, 8 de mayo de 2013

Crítica a la expo de Nicolás González-Camino


Especulando con bodrios

La exposición acogida por la bonita galería Fernando Herencia me hizo entrar para ver qué congregaba allí a tantos jóvenes de cortas melenas rubias y saharianas, caracolillos engominados y faldas de vuelo con tacón:

Pues ... planchas de acero al ácido mal recortadas de un tiburón, de un bisonte y hasta de cabezas, que complementaban unos pequeños dibujos de mal trazo colgados de las paredes, tan bisoños e inexpresivos que avergüenza preguntarse por su motivación o significado.

En lo más profundo de la galería, en un rincón claustrofóbico, una serie de retratos de personajes nos asetea el rostro: Jimi Hendrix, lo que parecen un par de ayatolás, Camarón, Bob Marley y hasta un Papa irreconocible.

Y no es el trazo impreciso o la escasa estética vista lo que incomoda, sino la sobrevaloración de un arte truculento de hasta 3.200 euros la pieza. Tal vez el autor pensó que si Bacon puede vender sus cuadros por cifras astronómicas, a pesar de hacernos sentir que padecemos degeneración macular, él también podría.


Nicolás González-Camino se ha lucido especulando con sus capacidades artísticas y a tenor de lo visto, con notable éxito de público, aunque algunos estaban más pendientes de sus móviles, de sus relaciones sociales y de los pinchos de tortilla que de mirar de verdad lo que tenían ante ellos, porque al fin y al cabo, tampoco el arte era lo suyo.

Quizá el único mérito -además del descaro- de Nicolás sea el de agrupar de manera novedosa piezas metálicas y el alter ego pintado. Salvaremos de la hoguera de las vanidades al notable bisonte de acero, previo pulido de sus bordes peligrosos, tal vez para encabezar la cueva de Altamira o alguna cafetería de Cantabria, pero con una sustancial rebaja en el precio que no nos haga quedar como gilipollas.


Dónde:

Galería Fernando Herencia
Ruiz de Alarcón, 27 - Madrid











martes, 7 de mayo de 2013

Crítica a la obra de Kappeler en La Casa de Galicia


Kappeler junto a "Resignada"
Detlef de Galicia: 
De Stettin a Muxía.

Asistimos a la presentación de la obra del pintor alemán Detlef Kappeler por parte del embajador de Alemania en Madrid, Sr. Reinhard Silberberg. 

Los lienzos de Kappeler nos aparecen de lejos como abigarrados brochazos abstractos dados con violencia. Amarillos, rojos, negros, morados y cenizas disarmónicos cubriendo grandes superficies. Sin embargo, oscuridades y llamaradas, mensajes crípticos, técnicas mixtas y trazos difusos de personas surgen con una mirada detallada, como espectros leves que circulan por las violentísimas escenas informes de color.

Esta aparente abstracción no es sino un expresionismo* de colorido fauvista que Kappeler denomina “nuevo realismo dialéctico”, muy heredero de un romanticismo alemán que le inspira y del que podemos colegir al menos muerte y amor.

La biografía atormentada de Kappeler en su infancia le llevó a sentir el martilleo constante de sus meninges con el retumbar de las bombas rusas, su trémolo incesante, el flamear de banderas rojas y el zumbido de los cazas sobre la riada humana que huía hacia el Oeste.

A Schwerin, la aburrida y provinciana capital de Mecklemburgo, huyó y posteriormente se estableció en la vecina y dinámica Hamburgo, donde pudo pintar con Richter, Wunderlich y Jones. También pasó por Hannover, con un paréntesis de gran influencia en el París del 68 y las noticias de la Guerra de Vietnam, que determinaron su pacifismo y mensaje antibelicista.



El embajador Silberberg

De vuelta a Hannover experimentó en su cátedra con el color, la composición y el contenido en las obras pictóricas. Y de allí a Barcelona ... y en un continuo fluir hacia al Oeste se instala en Muxía, La Coruña, en los confines del mundo europeo, lo más lejos posible de las convulsas costas bálticas.

La pintura de Kappeler se ha presentado hoy como influida fuertemente por su estancia en La Costa de la Muerte gallega, pero es tal la fuerza de su pasado alemán mortificado que sólo unos pocos cuadros de los expuestos denotan dicha circunstancia.

La obra hoy expuesta son realmente guernicas bálticos, plenos del horror de un ser indefenso que huye, superpuestos fantasmas y espectros, miedos corporeizados.

Los intrincados senderos de la mente de Kappeler añaden virulentos naufragios, pero sólo como una influencia recientemente instalada en su psique, por la que circulan estrellas mironianas, miembros picassianos y en sus grafitos de blanco y negro asistimos a goyescos grabados.

Antón Castro, un crítico buen conocedor de la obra de Kappeler, habló en su presentación de “vómitos sobre el lienzo” para referirse a esas descarnadas pinceladas, sin embargo parece que es la misma materia gris del pintor la que se ha estrellado contra la superficie, marcando solamente lo más profundo de su inconsciente, de sus traumas infantiles rememorados.

Es Detlef Kappeler un pintor de gran valor por dejarnos ver su mensaje, sin más artificios que el de mitigar la brutalidad sufriente de su interior con una búsqueda de la belleza y de la armonía, que consigue con su maestría del color y, sobre todo, con su mensaje de amor y de paz, que él quiere que sea duradero y que sólo consigue por el horror plasmado magistralmente en sus pinturas pletóricas de color y de energía.


Texto y fotos: Zenobita


Dónde:

Casa de Galicia en Madrid, desde el 07/05 al 31/05
C/ Casado del Alisal, 8 - Madrid.


Enlace:








Las gafas de Google, una oportunidad contra la privacidad

Las gafas Google: 
Modificaciones en el comportamiento humano

El uso de dispositivos de grabación discretos, como las gafas Google, representa un salto de los métodos del espionaje a las manos de cualquiera. El afán voyeur de muchas personas se verá potenciado por razón de grabar lo que ven y poder almacenarlo y compartirlo con otros.

Una de esas consecuencias es la de la privacidad: por cuestiones de sexualidad, estética o el propio derecho a la intimidad. Pero también están las cuestiones derivadas de la seguridad, por el mero espionaje de instalaciones oficiales o privadas (el espionaje industrial).

El hecho de poder ser observado y grabado modificará nuestros comportamientos y nuestras conversaciones, pero también nuestra vestimenta, nuestra forma de movernos. Los exhibicionistas estarán encantados, pues la Tierra se convertirá en un gigantesco plató. Los demás, no lo estaremos tanto y muchos tendremos que tomar medidas, en nuestros despachos, en nuestros lugares de trabajo y de transporte.

He aquí dos ejemplos de lo que digo en You Tube, uno parece una simulación, pero el otro parece un caso muy real.




http://www.youtube.com/watch?v=xxopnpgTvV8

http://www.youtube.com/watch?v=8OoLeJaTQdg






Enlaces:

Las gafas google










El drone Orbis, un verdadero ovni vigilante

El UAV "Orbis", 
un sistema de vigilancia volante no tripulado.

El fabricante brasileño Santos Lab ha presentado un innovador UAV (Unmanned Aerial Vehicle), el Orbis, el primero en despegar verticalmente. Está fabricado en fibra de carbono y pesa 1'5 kg.

Puede ser utilizado para control aéreo en áreas urbanas, especialmente en manifestaciones y conciertos al aire libre, embalses, oleoductos y líneas de ferrocarril. También para el control en zonas problemáticas de favelas. Con cámaras infrarrojas puede realizar vigilancia nocturna.

Utiliza baterías de litio y representa una opción de bajo coste a los pesados y costosos drones.

Los VANT (Vehículo aéreo no tripulado) o UAV tienen hoy en día multitud de misiones y esperemos que se usen para la protección y libertad de los ciudadanos y no para su represión.


Fuente:

FDS, nº 421

Enlaces:









lunes, 6 de mayo de 2013

Sueños con tortugas, la inoperancia o la seguridad.


Soñar con tortugas

El simbolismo de los sueños tiene que ver mucho con la cultura a la que pertenece el soñante y con el significado inconsciente que le otorgue al objeto. Así, la tortuga de tierra es un animal que representa la longevidad, pero también -por su propia guarida y fortaleza- la prudencia, el tesón, el esfuerzo. Soñar con una tortuga, dicen algunos manuales, es síntoma de protección y éxito a largo plazo. Pero esto es sólo una interpretación simbólica y poco "psicológica".

Tal vez soñar con una tortuga refleje cómo nos vemos a nosotros mismos. Si nos identificamos con ella, nuestro inconsciente nos está haciendo ver que somos excesivamente lentos en nuestros progresos, pudiendo creer en el consciente que tenemos toda la vida por delante, con las espaldas bien cubiertas.

También puede indicar que tenemos temor al envejecimiento, sintiéndonos más lentos, pesados y arrugados ... La edad y patrón de símbolos del que sueña son básicos para acercarnos a sus temores y motivaciones desde el contenido y emociones de sus sueños.

O, a lo mejor, signifique que tememos estar encastillándonos en nuestras convicciones, con el riesgo de la inoperancia y los peligros que conlleva.