miércoles, 17 de octubre de 2012

Ikea versus Conforama dos estilos, un solo paradigma.

Hoy he estado de compras en Ikea del Megapark de San Sebastián de los Reyes, en Leroy Merlin y en Conforama. Buscaba una estantería baja con ruedas.

Leroy Merlin es un pastiche de cosas de bricolaje donde apenas he encontrado nunca lo que buscaba, aparte de unos estores, unos mimbres separadores y unas celosías de jardín. Pero no he podido comprar nunca pintura, lámparas o plantas en condiciones. Los trabajadores, eso sí, son solícitos y atentos cuando los encuentras.

Una opinión diferente me merece Ikea, donde casi siempre encuentro lo que busco, porque me gusta o porque me sorprenden con cosas novedosas, algo que nunca me ha pasado con Leroy Merlin. Puedo tener ocio dentro, comer barato, pasar la tarde y tiene calidad y buenos precios. El personal es abundante y muy amable y pocas veces me ha dejado de lado o no han sabido responder a mis peticiones. Y me encanta que tenga asientos para cambiarle los pañales a los niños en los servicios de caballeros, aunque yo no tenga pañales que cambiar.

En cambio, sobre Conforama, una empresa francesa perteneciente al grupo surafricano Steinhoff, tengo la idea de que es una aberración comercial.

El estilo está obsoleto, como de los años 70, con una pátina de modernidad que no es más que una mueca.

Sólo había disponibles 4 vendedores para unos 8 ó 10 clientes, que descansaban aburridos a la espera de que se quedara uno libre. Lo intenté 3 veces y se escaqueaban con excusas, pasándoles la pelota a los que "estuvieran libres". Cuando vuelvo la misma tarde, por segunda vez, a ver si tenía más suerte, solicito la ayuda de una vendedora en la caja de la entrada, pero cuando llego, ya me la había "pisado" una pareja.

Me entretengo comparando los precios de las estanterías. La misma (idéntica), cuesta  el doble en la sección de niños, pero la vendedora, que, ahora ya sí me atiende, me dice que el precio en realidad es el menor.

Cuando me decido por el color verde pistacho, me dice que en el almacén no hay existencias de ese color. Luego de un rato, me decido por el blanco, que es más de batalla, y me dice que tampoco la tienen y que si la quiero puedo encargarla y me la traerán en 40 días. Como le digo que en 40 días puedo visitar tantas tiendas que podría encontrar otra cosa y que necesito la estantería, le pregunto que si la tiene en naranja, a lo que me dice que tampoco.

Desesperado, le pido entonces que me venda la verde de la exposición, pues la naranja está deteriorada, y como me dice que se puede pedir por catálogo (con los consabidos 40 días) no me puede vender la jodida estantería. Me fui de la tienda deprimido y cabreado a la vez, preguntándome si era una tienda o un local de puteo del personal.

No he visto gestión más nefasta de una tienda en mi vida, y salí de allí pidiendo a gritos mentales un consultor  de gestión de clientes.

Aquí no necesitamos empresas tan cutres, que absorben clientela y matan negocios humildes y honestos.


Ikea quiso comprar Conforama en 2010; hubiera sido una catástrofe, pues son dos negocios diametralmente opuestos y Conforama representaría una carga por ser un estilo de negocio demasiado tradicional, obsoleto y escasamente organizado, sin más valor que el de la simple venta de elementos para el hogar, frente al valor que aporta Ikea, que no es otro que el de la vida alrededor de la venta.










martes, 16 de octubre de 2012

Confusiones del himno español en varios acontecimientos


Lo de cambiar los himnos en las celebraciones deportivas se ha convertido en una curiosa tradición en los últimos tiempos. La más recordada es, sin duda, la final de la Copa Davis 2003, cuando los españoles fueron recibidos con las notas del Himno de Riego, el oficial durante la Segunda República.

Dicho himno también sonó en un partido de la selección española de fútbol en Checoslovaquia en 1967. Los organizadores se excusaron diciendo que era el único que tenían a mano.

Otro fallo técnico, si se puede llamar así, hizo que los jugadores de la selección de waterpolo tuvieran que tararear el himno durante la entrega de medallas en el Mundial de 2001 en Fukuoka.

También, la selección española de balonmano escuchó en 1999, con Urdangarín en el equipo, el himno de Marruecos cuando se disponía a jugar un partido ante Argentina en el Mundial disputado en Egipto.

Hubo un «lío diplomático» con la organización del Giro de Italia, que durante la celebración del segundo Giro conquistado en 2011 por Alberto Contador hizo sonar el himno español... con letra de José María Pemán. El ciclista pinteño tuvo que escuchar en el podio la versión que el escritor realizó a encargo de Miguel Primo de Rivera, ante la extrañeza del ciclista y de los aficionados españoles.

No es la primera vez que Contador se ve inmerso en un conflicto igual. En 2009, tras la conquista de su primer Tour, el ciclista fue recibido en el podio con los acordes del himno danés, lo que motivó las quejas de la delegación española.

Lissavetzky se llevó el himno español en su MP3 al europeo de Polonia de baloncesto por las confusiones en varios acontecimientos. Parece ser que los organizadores no ponen excesivo celo en homenajear a los deportistas españoles. Habrá que preguntarles si a ellos les ha ocurrido en tantas ocasiones recientemente.

La organización del Gran Premio de Estados Unidos se equivocó e hizo sonar el himno italiano en lugar del español durante la ceremonia del podio en el que Jorge Lorenzo ocupó el cajón más alto (25/07/2010).

De nuevo, los organizadores de un torneo internacional tuvieron un lapsus con el himno español. Esa vez fue en Brasil durante un encuentro de la selección española de baloncesto 2014 (España B) ante la brasileña. Los organizadores pusieron el himno de Portugal en lugar del español para presentar al equipo dirigido por Juan Antonio Orenga. Los jugadores se lo tomaron con humor y no faltaron las bromas al escuchar el himno erróneo.


Después de todo esto, el CSD se ha hartado y ha enviado el himno español a los organizadores de distintas competiciones. Claro, se impone el sentido común.

Son errores graves de los organizadores, pero una clara muestra de lo mucho que ha de sonar el himno español últimamente. Lo que no se explica es de dónde son capaces de sacar el himno de Riego o con letra de Pemán.

Aunque tal vez se trate de la extrañeza de los extranjeros cuando escuchan La Marcha Real sin letra y, escamados, deciden buscarlo en Internet.




















lunes, 15 de octubre de 2012

Mercado medieval en Alcalá de Henares

Calle Mayor de Alcalá de Hemares

Después del Día de la Hispanidad me acerqué hasta Alcalá para pasar el día entre los puestos de un mercado medieval.

Desde la experiencia de El Álamo, con su enorme mercado pleno de tiendas y actividades, pensé que no habría en Madrid otro que lo superara. Tal vez, este de Alcalá sí lo haya hecho; pues por su tamaño y calidad bien lo merecería.

Aquí te ofrecen frutas escarchadas, jamones, chacinas varias, asados y vinos, bisutería, joyas, juguetes y fruslerías, gominolas gigantes, ...

Animadas las calles con chirimías y tambores, zancudos, buhoneros y adivinadores.



Asando el cochino


Un enorme bullicio de nativos y foráneos, muy mayoritariamente españoles, recorren las plazas de Cervantes, del Mercado, de los Niños y las calles aledañas empujando sus carcasas y los carritos de sus infantes, en una civilizada procesión parsimoniosa, casi exenta de codazos, tetazos y pisotones.


Heráldica inventada
Vendedor de hierbas

















Un verdadero éxito de organización al que poner el pero de unas excesivas imaginación y libertad en la confección heráldica y una "crisis" de bolsillos que impide aflojar hasta 20 € por una cuña de queso manchego, a mitad de precio en el Mercadona.



Máquinas de imprenta, de hacer cuerdas, un habilidoso cantero y hasta percusionistas improvisados que golpean una parrilla, todo para animar el comercio de esta tranquila villa de  origen celtíbero.


Águila de Harris

Alimoche sombrío y un milano