jueves, 27 de diciembre de 2007

Desde el interior

Resulta positivo extraer de las minas del interior, rascando las paredes, las luces de las ideas que iluminan el pensamiento hablado, las palabras, que por sí solas no significan, no evocan.

Si la luz de unos ojos como los tuyos traza su rayo añil y me atraviesa, entrándome por los huecos de mis pupilas, recorrerá las cavidades de mi mente, rebotando mansamente en sus paredes, hasta detenerse, hasta flotar y ser absorbido, poco a poco, convirtiendo la intensa luz de azul oscuro en un tenue espectro de color pálido, como tu sonrisa, como tu suave hálito vital.

Y si te digo "amor" acompañado de la palidez de la luz que absorbí indómita de tus ojos y que ahora se amansa dentro de mi ser, habré iluminado de candor una palabra, un ruido que amasaron mis labios para lanzarte fuego, pero que tú convertiste en una llamita azul, danzante en el hueco de mi pensamiento, alumbrando la caverna de mi ser, que perdió su luz ya muchos años.

Y si te digo "beso", seccionado mi corazón por una onda mortal de amor que proviene de tu pecho, tan escuálido que se transparenta, será encendiendo las cuatro letras de que consta, como cuatro saetas incendiarias que te penetran, que paladean tus labios tenues, tu lengua rosa, encondida detrás de tus dientes.

"Amor" y "beso", no es más que eso, y lo dije todo.